Tras el bullicio y la alegría colectiva de la entrada en Jerusalén, la Plaza de Verges se vuelve pequeña, silenciosa e íntima. Entramos en una de las escenas con mayor carga de diálogo y simbolismo de toda la representación: La Samaritana. La escenografía se reduce al mínimo esencial: el Pozo de Jacob, el punto de encuentro donde Jesús revela su misión a una mujer apartada del rebaño.
Un encuentro prohibido y revolucionario
Jesús llega al pozo de Siquem fatigado por el viaje y pide a los apóstoles que le dejen solo: «Cansado estoy del camino. Reposar querría un poco cerca de esa fuente de Jacob». En la soledad del pozo, se produce un encuentro que en aquella época resultaba escandaloso: un maestro judío hablando a solas con una mujer samaritana.
Cuando la Samaritana llega con su ánfora para buscar agua, se encuentra con una petición simple pero revolucionaria que inicia el debate teológico más profundo de la noche.
El Agua Viva y el perdón
El diálogo que sigue es uno de los textos más poéticos de la obra. Jesús no habla de agua física, sino del alma. La Samaritana, inicialmente desconfiada, acaba arrodillada pidiendo el perdón y la bendición de Jesús. Las palabras clave que resuenan en la Plaza son la promesa del Agua Viva:
«El agua que de aquí sacaréis, ya sabéis que vuelve la sed; mas la que yo os daré, sed nunca más tendréis.»
Es un momento de conversión pura, donde la mujer reconoce en Jesús al Salvador y le invita a cenar en su casa, una invitación que él rechaza con tristeza porque su tiempo se acerca y su destino ya está marcado.
Detalles de la puesta en escena
A diferencia de las escenas de masas, aquí el peso recae totalmente en la palabra y el gesto de los dos actores:
- La Samaritana: Con su cántaro y un vestuario vistoso, representa a la humanidad pecadora que encuentra la luz.
- El Pozo de Jacob: Un elemento clásico del attrezzo de Verges que centra toda la atención visual.
- El Silencio: Esta escena requiere un respeto absoluto del público para no perderse ni una sílaba del verso rimado.
El desenlace: Hacia la última cena
La escena termina con la Samaritana partiendo a toda prisa para anunciar que ha encontrado al Mesías, mientras Jesús se queda solo un último momento antes de reunirse con sus discípulos. Este remanso de paz es el preludio de la tormenta que se avecina.
La atmósfera se vuelve todavía más grave y solemne para dar paso al momento más sagrado de la noche: La Santa Cena.



Fotos: Albert Barnosell | Instagram
