Los Platillos, llamados Platets en Verges, son los dos esqueletos infantiles situados a los lados de la Bandera. Cada uno lleva un plato con ceniza y participa en el baile que mantiene la forma de cruz de la Danza de la Muerte. Su pequeña estatura contrasta con la fuerza del símbolo que muestran.
La ceniza como símbolo
En la lectura cristiana del conjunto, la ceniza recuerda la fragilidad del cuerpo y el retorno al polvo. La presencia de pequeños y adultos puede reforzar la lectura simbólica de que la muerte alcanza todas las edades. Serrà sitúa a los niños de los Platillos en torno a los siete u ocho años en la etapa que describe: es una referencia histórica, no un reglamento actual de edades.
El gesto y la coordinación
Serrà describe en 1996 dos movimientos alternos: cuando el pequeño danzante mira hacia la Bandera, levanta el plato y señala la ceniza con el índice; cuando queda frente a los espectadores de su lado, recoge el brazo y coloca la mano libre en la cintura. Ambos Platillos ejecutan el mismo gesto, pero no simultáneamente.
Deben mantener la alineación con la Bandera y seguir el ritmo del Tabal. La orientación de los brazos y la distancia entre los danzantes forman parte de esa coordinación: la fuerza visual del conjunto depende de la atención de cada uno a su posición.
Conservar la ceniza, evitar un malentendido
El libro explica recursos para retener la ceniza durante los saltos: humedecerla y, en la etapa observada, fijarla al fondo del plato. También recuerda que algunos espectadores dejaban monedas, confundiendo el gesto con una petición de limosna. El plato muestra un símbolo; su función no es pedir dinero. Son prácticas e incidentes de aquella época.
Detrás de la Bandera, el Reloj completa el grupo de cinco danzantes con otra advertencia: no conocemos la hora de la muerte.

Fuentes y contexto
Màriam Serrà, Verges i la processó que no es veu (1998), pp. 131–133; descripción de la Procesión observada en 1996.