Durante la mañana del Jueves Santo, el tiempo es la invitada que tiene a todos pendientes. Quienes preparan la Procesión miran al cielo, esperando que el esfuerzo de tantas horas pueda lucir por la noche.
El recuerdo local recogido en este artículo dice que «en Verges nunca llueve el Jueves Santo». Expresa la esperanza y los nervios de la jornada, no una garantía meteorológica. El mismo relato recuerda que en 1974 hubo que terminar el tramo final a toda prisa y que después se solicitó una ayuda económica, modesta pero bien recibida.
La plaza se prepara para la gran noche
En la plaza Major se preparan las sillas, el recinto y los elementos de la representación. Los últimos retoques del escenario conviven con otras tareas del pueblo: unos se ocupan del material y otros repasan el papel que interpretarán por la noche.
Entre los recuerdos de otros años están las cortinas rojas coronadas por cinco antorchas, los niños rondando el escenario y el trono de Pilato o la mesa de la Santa Cena esperando su turno. Se incorporaban entre actos, aprovechando las pausas de oscuridad. El montaje ha evolucionado; ese recuerdo no debe leerse como un inventario de la escenografía actual.
Los preparativos del carrer dels Cargols
Esta mañana merece la pena acercarse al carrer dels Cargols. El carrer Orient es uno de sus espacios más conocidos, pero la iluminación con conchas también se extiende al carrer Migdia y a otros tramos del recorrido. Los rótulos recuerdan esa doble identidad: el nombre cotidiano y el de la noche de la Procesión.
Los vecinos preparan la colocación de las conchas con antelación y mucho cuidado. Una pasta de ceniza mezclada con agua permite fijarlas a las paredes. Por la tarde se añade el aceite y la mecha que harán posible la luz nocturna. Ver los preparativos durante el día ayuda a entender lo que después parece magia.
La decoración de los pasos
Otro de los atractivos es ver cómo se adornan los misteris, las imágenes de la Procesión: los Pistolets, la Dolorosa, el Nazareno y la Piedad. El Santo Cristo tiene una presencia más austera. Las flores, el verde y el trabajo de cada grupo preparan las imágenes para salir a la calle.
El transporte también requiere organización. La Dolorosa destaca porque la llevan mujeres a pulso, sin ruedas. Los turnos que recuerda el relato antiguo muestran ese esfuerzo compartido. Los pesos y el número exacto de participantes no deben darse por invariables de una edición a otra.
Cada barrio, una forma de adornar
Los recuerdos conservan los lugares y colores de cada barrio. Son escenas del pueblo que merece la pena mantener, aunque la ubicación o las flores elegidas puedan cambiar:
- La Dolorosa se adornaba dentro de una casa, a salvo de la pendiente de la calle, con claveles amarillos y gladiolos blancos.
- En la Placeta, los pies del Nazareno se cubrían de lirios blancos, en la planta baja de una casa.
- En el carrer dels Bous, la Piedad se adornaba en plena calle con claveles rojos y rosados. El trabajo duraba tanto que la comida servía de descanso.
- En el barrio de fuera, bajo los porches de la escuela, los Pistolets se engalanaban entre bromas y conversaciones, con claveles de varios colores, gladiolos y una base de verde.
¿De dónde viene el nombre de los Pistolets?
Los Pistolets muestran a Jesús coronado de espinas y con las manos atadas, rodeado de figuras que se burlan de él. La historia popular recogida aquí habla de unos hermanos conocidos con ese apodo: su parecido con las figuras habría dado nombre al paso. Se conserva como un relato local, sin presentarlo como un origen demostrado documentalmente.
Antes de que llegue la tarde
Todavía hay que dejar listas las antorchas y los pequeños detalles que exigirá la noche. Durante la tarde del Jueves Santo, las manages recogerán los pasos; después llegará la gran noche. Para seguir el conjunto de la jornada, consultad la guía día a día y la programación de cada edición.



Última actualización: 04/10/2026