El Reloj cierra el grupo de los cinco esqueletos danzantes, detrás de la Bandera. Lleva una esfera sin agujas y señala distintas horas con el dedo. Su mensaje es la incertidumbre: nadie conoce la hora de la muerte. Detrás continúa el Tabal, con quienes iluminan la Danza.
Una esfera sin agujas
Serrà describe una esfera con las horas pintadas sobre un soporte cuadrado. La mano libre del danzante hace de aguja al señalar una hora. Objeto y gesto expresan la incertidumbre: cualquier hora puede ser la última. El traje de esqueleto y el casco de calavera lo vinculan con los demás danzantes.
El gesto dentro del baile
En el relato de 1996, el Reloj mantiene la alineación con la Dalla y la Bandera y se mueve lateralmente, coordinado con el centro del grupo. Cuando la esfera mira hacia fuera, en dirección al Tabal, el pequeño señala una hora; cuando mira hacia la Bandera, coloca la mano libre en la cintura. El gesto forma parte de la alternancia del baile.
Esta coordinación mantiene al Reloj en el extremo posterior de la cruz formada por los danzantes. Los Platillos, situados a los lados de la Bandera, completan el eje transversal. La formación se adapta al espacio disponible en las calles.
El lugar del Reloj en el final
Ser el último de los cinco danzantes no lo convierte en el último integrante del cortejo ni permite fijar un orden individual de reverencias. Serrà describe el final dentro de la iglesia en su observación de 1996. Debe distinguirse del acatamiento exterior del guion de 2011, una evolución explicada en la Rendición de la Muerte.

Fuentes y contexto
Màriam Serrà, Verges i la processó que no es veu (1998), pp. 122; 131–132; 134–137; descripción de la Procesión observada en 1996.