La Procesión durante la Guerra Civil y la Posguerra

La guerra civil Verges

La historia de la Procesión de Verges no ha sido siempre fácil. Uno de los momentos más críticos se vivió durante el conflicto bélico de 1936-1939. No fue una crisis de fe ni de ganas —el pueblo amaba la tradición—, sino una consecuencia inevitable del miedo y la inestabilidad del momento.

1936: El silencio forzado

El ambiente previo al estallido de la guerra era tenso. En 1936 todo estaba preparado, pero un mensaje del gobernador civil lo cambió todo: la autoridad renunciaba a cualquier responsabilidad sobre la seguridad si ocurría algo durante el acto.

Ante esta situación de incertidumbre y para evitar males mayores, se tomó la dolorosa decisión de suspender la procesión. Las calles de Verges quedaron en silencio aquel Jueves Santo, y no volverían a ver la Danza de la Muerte hasta pasados cuatro largos años.

Detalle de los 'manages' (soldados romanos) en 1922. Los trajes, cascos y lanzas que aparecen en la imagen son los mismos que lograron sobrevivir escondidos durante todo el conflicto bélico. (Foto: V. Fargnoli. Restaurada digitalmente).
Detalle de los ‘manages’ (soldados romanos) en 1922. Los trajes, cascos y lanzas que aparecen en la imagen son los mismos que lograron sobrevivir escondidos durante todo el conflicto bélico. (Foto: V. Fargnoli. Restaurada digitalmente).

El milagro del material salvado

Uno de los hechos más sorprendentes de esta etapa es la supervivencia del patrimonio. Mientras que en muchos pueblos de Cataluña imágenes religiosas, vestidos y archivos eran destruidos o quemados, en Verges el material se salvó.

Los vestidos de la Danza, las armas de los soldados y los elementos de la escenografía lograron sobrevivir intactos a la guerra. Este hecho fue clave: si se hubiera perdido el material, la recuperación de la fiesta habría sido casi imposible en una época de tanta miseria económica.

Detalle de los 'manages' (soldados romanos) en 1922. Los trajes, cascos y lanzas que aparecen en la imagen son los mismos que lograron sobrevivir escondidos durante todo el conflicto bélico. (Foto: V. Fargnoli. Restaurada digitalmente).
Detalle de los ‘manages’ (soldados romanos) en 1922. Los trajes, cascos y lanzas que aparecen en la imagen son los mismos que lograron sobrevivir escondidos durante todo el conflicto bélico. (Foto: V. Fargnoli. Restaurada digitalmente).

1940: Una procesión sin hombres

Una vez terminada la guerra, el alcalde del momento, el Sr. Auquer, insistió firmemente en la recuperación de la tradición. La gente tenía ganas de pasar página y volver a la normalidad, y todos se volcaron en el proyecto. Así, en 1940, la procesión volvió a salir a la calle.

Pero aquellos primeros años de posguerra fueron extremadamente difíciles. Faltaban hombres. Entre los que habían muerto, los que estaban en el exilio y los jóvenes que cumplían largos servicios militares, Verges se había quedado sin mano de obra. Aun así, la determinación de los vecinos fue más fuerte: la procesión tenía que sobrevivir fuera como fuera, con la esperanza de que el tiempo ya se encargaría de hacer volver a los que estaban fuera.

Calle llena de gente viendo la procesión en los años 20. Recuperar esta asistencia y participación masiva fue el gran reto de la difícil posguerra a partir de 1940. (Foto: V. Fargnoli. Restaurada digitalment)
Calle llena de gente viendo la procesión en los años 20. Recuperar esta asistencia y participación masiva fue el gran reto de la difícil posguerra a partir de 1940. (Foto: V. Fargnoli. Restaurada digitalment)

El impulso definitivo: El Patronato

Hasta entonces, la Cofradía de la Sangre había gestionado la organización, pero los nuevos tiempos requerían una nueva estructura. Fue entonces cuando se creó el Patronato.

A partir de este momento, y gracias al esfuerzo titánico de su director, el Sr. Carles Perpinyà, la procesión no solo superó sus problemas de existencia, sino que sentó las bases de la calidad y continuidad que disfrutamos hoy en día.

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