El primer gran cambio que llegó a mis oídos para esta edición fue el adelanto de la Processó a las 23:30. Confieso que, como cristiano y amante de nuestras tradiciones, la noticia me retumbó en los oídos. El impacto que me generó romper con la histórica medianoche ya lo analicé en profundidad en mi artículo sobre el cambio de horario, donde por cierto, acabo de añadir una nota de actualización tras hablar con la organización.
Por eso, no voy a repetirme aquí. Hoy prefiero dejar a un lado el reloj y centrarme en lo verdaderamente importante: cómo ha funcionado este nuevo orden narrativo en la oscuridad de nuestras calles.
Un guiño a los orígenes: El Ram en la Placeta
Antes de llegar al acto central de la plaza Major, cabe destacar uno de los grandes aciertos de este año: la representación de la escena del Ram en la Placeta. Este gesto ha servido para dinamizar la espera de los visitantes, pero sobre todo ha sido un auténtico homenaje a nuestra historia.
Como bien señalaba la organización, es un «guiño» a cómo se hacían las cosas antiguamente, cuando no había un escenario fijo y todas las escenas eran puramente itinerantes por diferentes rincones del pueblo. Una decisión brillante que conecta el presente con la esencia más pura de la representación.
El movimiento de los misterios: Más ágil e impactante
Apostar por el rigor cronológico siempre genera vértigo en tradiciones tan arraigadas. Esta edición buscaba un recorrido visualmente más impactante y se ha conseguido haciendo salir a las vestes y las imágenes antes que a los actores de la representación, creando una procesión mucho más ágil y compacta.
La atmósfera creada en las calles demostró una madurez organizativa excepcional:
- El respeto histórico: Los misterios procesionaron con una fluidez narrativa inédita, permitiendo al público entender el relato cronológico sin saltos.
- Corregir un error histórico: Llevar al inicio los misterios y arreglar el orden de la Pietat y el Sant Crist quizás para muchos sea normal, pero para otros es de cajón que primero Jesús fue crucificado y después lo bajaron a los brazos de María.
- La resistencia al viento: La jornada estuvo marcada por una fuerte Tramuntana, pero, como destacaron las crónicas, la iluminación tradicional con aceite y ceniza en el Carrer dels Cargols resistió con estoicismo, manteniendo intacta la magia.
El cierre estelar: La Dansa de la Mort
El cambio más comentado era, sin duda, desplazar los esqueletos de la Dansa de la Mort al final del recorrido para que el visitante se llevara un recuerdo mucho más intenso.
Cerrar el séquito con el baile de los cinco esqueletos al son del tabal ha elevado la majestuosidad de la danza. Además, este año se han incorporado cinco nuevas antorchas (dos delante y tres detrás), otorgando una relevancia y una luz espectacular a la escena sin perder su esencia. Es una metáfora perfecta: la inevitabilidad de la muerte cerrando el ciclo de la Pasión.
Una tradición viva que impulsa el territorio
Los datos de afluencia son incontestables. Con más de 600 vecinos volcados en la representación y las cerca de 1.500 sillas agotadas desde hacía semanas, el evento se consolida no solo como un pilar cultural, sino como un motor económico vital para todo el Baix Empordà.
Desde la perspectiva de los años y el análisis reposado, el balance es claro. Verges ha demostrado que proteger su identidad no significa inmovilismo. Los cambios estructurales de esta edición han garantizado que el silencio, el respeto y la historia sigan siendo los verdaderos protagonistas de nuestra noche más larga.
Viendo cómo las calles han abrazado los resultados de este año, el horizonte de la Processó se presenta con una expectación ilusionante. Cuando una tradición centenaria demuestra esta valentía para afinar sus engranajes, el futuro está más que asegurado.
Desde aquí, animo a todo el mundo a marcar el próximo Jueves Santo en el calendario (25 de marzo de 2027) y venir a vivirlo en primera persona. Alejaos de las pantallas, acercaos a Verges y dejaos envolver por el silencio, el olor a aceite quemado y el latido de unas calles únicas.