Una de las joyas más desconocidas y espectaculares de la Semana Santa en Verges es la llamada Calle de los Caracoles (Carrer dels Cargols). Si buscáis este nombre en un mapa oficial, probablemente no os saldrá, ya que su nombre real es Calle de Oriente (o calle de Poniente antiguamente).
Junto con la calle Migdia, estos callejones estrechos se transforman durante la noche de Jueves Santo para acoger el paso de la Dansa de la Mort, manteniendo un sistema de iluminación único basado en conchas de caracol, ceniza y fuego.
El Origen: ¿Una ofrenda o una estrategia contra el viento?
El primer texto que cita esta tradición es del siglo XIX, pero el origen exacto es un misterio. Existen dos teorías principales:
- La Ofrenda: Se cree que podía ser una ofrenda de los vecinos a los misterios de la Procesión y, especialmente, para iluminar con solemnidad la Danza de la Muerte.
- La Tramuntana: La explicación práctica es que estas son las únicas calles perpendiculares a norte. Esto hace que queden resguardadas de la Tramuntana, evitando que el fuerte viento apague las llamas al paso del cortejo.
¿Cómo se hacen las lámparas? Una receta centenaria
La magia comienza días antes e implica la colaboración de todo el vecindario:
- La «Cargolada»: Los días previos, cada casa organiza una comida a base de caracoles. Las conchas más grandes y bonitas se guardan y limpian para convertirse en lámparas.
- La Pasta de Ceniza: No se utiliza pegamento moderno. La tradición manda hacer una pasta mezclando agua y ceniza (de olivo o encina, guardada de la chimenea). Esta mezcla actúa como un cemento natural.
- El Aceite de los Buñuelos: Una vez fijados los caracoles a la pared (a unos dos metros de altura), se llenan de aceite. La tradición dice que debe ser el aceite reutilizado de freír los típicos buñuelos de viento, lo que otorga un aroma inconfundible a la calle cuando quema.
Un espectáculo visual único
El resultado, cuando se encienden las mechas, es una atmósfera inigualable. La luz eléctrica desaparece y las paredes de piedra quedan bañadas por cientos de pequeñas llamas temblorosas que proyectan sombras mágicas, creando el escenario perfecto para vivir la procesión.



