El Cireneo: La ayuda obligada en la Segunda Caída

El Cireneu a la Processó de Verges

En el tramo más extenuante del camino, cuando las fuerzas de Jesús flaquean definitivamente, aparece la figura de Simón de Cirene, conocido popularmente como el Cireneo. Su intervención en la Segunda Caída de Verges es un momento clave que permite que el drama continúe hasta su desenlace.

La elección del “voluntario”

En este sentido, el texto de la representación deja clara la intención de los Jueus. Viendo que Jesús ya no puede con el peso de la cruz, uno de los Jueus decide buscar a alguien “robusto y que tenga más fuerza”. No es un acto de compasión; es una medida desesperada porque, como dicen ellos mismos, “se nos puede morir antes de tiempo”.

El contraste de sentimientos

Cabe destacar que, mientras los captores buscan asegurarse de que el condenado llegue vivo al hoyo de la cruz, la reacción del Cireneo es muy distinta. Entonces, al aceptar la carga, Simón de Cirene expresa un sentimiento de empatía puramente vergelitense: “No importa, lo haré con gusto, porque me da pena este hombre”.

Este contraste entre la dureza de quienes dirigen la procesión y la humanidad del Cireneo es lo que dota a la escena de una profundidad única. Asimismo, el esfuerzo físico de cargar el madero se convierte en uno de los momentos más auténticos que se pueden vivir por las calles de la villa.

Simbolismo y presencia

Finalmente, el Cireneo en Verges representa la solidaridad involuntaria que acaba convirtiéndose en un acto de fe. En resumen, sin su figura, el camino hacia el Calvario se habría truncado. Por este motivo, su paso junto a Jesús, ayudándole a sostener el peso de la sentencia, es una de las imágenes más potentes del Jueves Santo.

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