En el recorrido del Jueves Santo, la Primera Caída es uno de los puntos más esperados y emotivos para todo el público vergelitense. Cuando la comitiva llega a La Placeta, el espacio se transforma en un escenario vivo donde el sufrimiento de Jesús se hace tangible a través de una serie de encuentros que marcan el sentido de la noche.
El marco de la representación
La escena comienza con la entrada de la procesión en un espacio recogido que permite una proximidad única entre los personajes y el espectador. Asimismo, el sonido de Les Manages y el griterío de Els Jueus crean la atmósfera de tensión necesaria para lo que está a punto de suceder. Aunque el camino es largo, es aquí donde se condensan los primeros milagros y gestos de compasión.
Un mosaico de personajes y emociones
En este sentido, la Primera Caída no es un hecho aislado, sino un mosaico de tres momentos fundamentales:
- La Curación del Ciego: El peregrino que, a pesar de su oscuridad, reconoce la luz de Jesús e implora el milagro de la vista.
- El Encuentro con la Madre: El dolor de la Virgen María, que irrumpe en el séquito para abrazar a su hijo ante la mirada severa de los captores.
- El Gesto de la Verónica: La piedad de una mujer que enjuga el rostro de Jesús, dejándonos el prodigio de la imagen estampada en el lienzo.
Cabe destacar que todo este cuadro se cierra con el diálogo de las Tres Marías, que ofrecen su consuelo femenino ante las advertencias proféticas del Maestro hacia las hijas de Jerusalén.
Significado y tradición vergelitense
Por otro lado, para la villa de Verges, esta escena representa la fidelidad a una narrativa que se ha mantenido viva generación tras generación. En resumen, la Primera Caída es el momento en que la historia sagrada desciende de los altares para caminar sobre las piedras del pueblo.
Finalmente, vivir la Primera Caída es entender la esencia de nuestra procesión: un equilibrio perfecto entre la dureza de la sentencia y la ternura de quien acompaña al condenado. Por este motivo, La Placeta continúa siendo un lugar de peregrinaje obligado cada noche de Jueves Santo.

