Una vez consumado el drama de la Crucifixión, la atmósfera de Verges se transforma. La Placeta queda en silencio, una escena desnuda donde solo permanece la figura de Jesús en la cruz. Es el momento de la Piedad, el punto final del recorrido para la imagen de Cristo y el instante más emotivo de la noche.
El ritual del Descendimiento
Siguiendo el guion que los vergelitenses han mantenido intacto, la escena del Descendimiento se realiza con un esmero extremo. Nicodemo, José de Arimatea, San Juan y la Virgen María se acercan a la cruz con los útiles necesarios: la escalera, el sudario, el martillo y las tenazas.
Mientras San Juan acompaña a la Virgen María para que se siente al pie de la cruz, los hombres proceden a desclavar a Jesús. Este gesto, realizado con una solemnidad absoluta, marca el paso de la dureza de los Jueus al respeto más profundo por la figura de Cristo.
María y el cuerpo de Jesús: El cuadro final
El momento culminante es cuando los hombres depositan a Jesús en el regazo de su madre. Ella, en un gesto lleno de dolor y dignidad, lo cubre ligeramente con su propio manto. En este punto, los personajes se retiran a un segundo plano detrás de la cruz, dejando el protagonismo absoluto a la madre y al hijo.
Es aquí donde la Dansa de la Mort realiza su adoración ante el cuerpo de Jesús. Es el último homenaje de la noche en el exterior de la iglesia, creando un contraste visual entre el triunfo de la Muerte y el dolor de la Piedad.
El adiós de la Procesión en la calle
A diferencia de otras tradiciones, en Verges el cuerpo de Jesús no se traslada en procesión a la iglesia. La escena de la Piedad clausura el drama en La Placeta. Mientras el pueblo guarda silencio, la figura de la Muerte se aleja para encarar el último acto de la noche, su entrada solitaria en el interior del templo para la Rendición final.

Última actualización: 12/02/2026
