El Ciego: el milagro de la fe en la Procesión de Verges

El Cec: La fe que reconeix el camí a la Processó de Verges

Dentro del recorrido del Jueves Santo, la figura de El Ciego (o El Peregrino) nos ofrece uno de los momentos más conmovedores de la Primera Caída. Mientras la procesión entra en La Placeta, este personaje encarna la búsqueda desesperada de la luz en medio de la oscuridad del camino del Calvario.

El encuentro en La Placeta

En este sentido, El Ciego se encuentra a un lado del camino, inquieto por los gritos y el gentío que se acerca. Aunque no puede ver el cortejo de Les Manages y Els Jueus, percibe la presencia de Jesús por el tacto y el oído. Entonces, en una acción llena de dramatismo, se arrastra por el suelo hasta situarse frente al condenado.

El milagro de la vista: ¡Ya veo!

El diálogo que mantiene con Jesús es de una intensidad única. El Ciego implora: «¡Señor, que vea!». Por otro lado, Jesús, con su respuesta llena de misericordia, le devuelve la visión ante la mirada atónita de Els Jueus y el pueblo vergelitense.

Cabe destacar que, una vez curado, la exclamación de El Ciego —«¡Oh, Jesús! ¡Oh, Señor! ¡Ya veo!»— marca el final de su angustia. Por este motivo, el personaje decide seguir a Jesús, agradeciendo el beneficio recibido y proclamando su divinidad frente a la dureza de quienes lo llevan a la cruz.

Simbolismo y presencia en la calle

Finalmente, El Ciego representa a aquellos que, sin ver, creen. En resumen, su curación en la Primera Caída sirve para contrastar la ceguera espiritual de los perseguidores con la clarividencia de la fe. Su papel es, sin duda, una de las piezas que hacen de la Procesión de Verges una experiencia que va mucho más allá de un simple desfile.

El Cec (o El Pelegrí) durante la primera caída
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