Dentro del grupo de los apóstoles que acompañan a Jesús durante la Procesión de Verges, la figura de San Pedro destaca por su lealtad feroz y su carácter vehemente. En este sentido, él representa la parte más humana e impulsiva de los discípulos, protagonizando momentos de gran tensión dramática tanto en la Santa Cena como en la escena del Huerto de Getsemaní.
La promesa de lealtad en la Santa Cena
Durante el cuadro de la Santa Cena, Pedro manifiesta su determinación ante el anuncio de Jesús sobre su muerte próxima. Por un lado, cuando el maestro afirma que todos los discípulos se escandalizarán, Pedro responde con firmeza: “¡No, Maestro, antes morir que abandonaros y huir!”.
Aunque Jesús lo reprende advirtiéndole que lo negará tres veces antes de que cante el gallo, Pedro mantiene su fervor. De hecho, en uno de los momentos más intensos del guion, llega a decir: “Yo blandiré mi cuchillo, defendiendo con todo brío a mi caro Maestro y Señor”. Esta declaración de intenciones sienta las bases de lo que sucederá más tarde en el Huerto.
La acción en el Huerto de Getsemaní y el ataque a Malco
Posteriormente, en el Huerto de Getsemaní, Pedro pasa de las palabras a los hechos. En el momento en que llegan Els Jueus y Les Manages para detener a Jesús, el apóstol cumple su promesa y desenvaina la espada para defenderlo. Es entonces cuando hiere a Malco cortándole la oreja en un acto de protección desesperada.
Sin embargo, Jesús detiene inmediatamente la agresividad de su discípulo para proceder a la curación milagrosa del enemigo. Cabe destacar que este gesto de Pedro subraya el carácter protector del personaje, que actúa por impulso antes de caer en el arrepentimiento que marcará el resto de la noche.
Simbolismo e iconografía en Verges
Finalmente, la presencia de San Pedro en la villa de Verges es una de las más reconocibles por el público. Asimismo, su vestuario y su lugar preferente dentro del séquito de los apóstoles refuerzan su peso en la jerarquía del drama sacro. En resumen, Pedro nos recuerda la lucha interna entre el valor y el miedo, siendo una pieza indispensable para entender la evolución emocional del Jueves Santo.
