Dentro del drama de la Segunda Caída, las figuras conocidas popularmente como las Ploraneres (que en el texto de la representación aparecen como las Hijas de Jerusalén) representan el lamento colectivo y la compasión. Su intervención es uno de los momentos de mayor contraste emocional de la noche: mientras los Jueus celebran la caída, ellas ponen la nota de tristeza y piedad.
La sardana de los Jueus y el lamento de las Hijas de Jerusalén
La escena de la Segunda Caída destaca por su dureza. Cuando Jesús cae al suelo, los Jueus no se detienen; se cogen de las manos e inician una sardana de saltos e improperios alrededor de la cruz. Asimismo, las Manages forman un círculo a pleno son de trompetas y timbales.
Es en medio de este estruendo y fustigación cuando aparecen las Ploraneres. Entonces, el sonido de los timbales se amortigua y comienza su canto, creando una atmósfera de recogimiento que conmueve a todos los que llenan las calles.
El diálogo de la Segunda Caída
En este sentido, las Hijas de Jerusalén se dirigen a Jesús con una pregunta que resume su angustia. No entienden cómo aquel que ha hecho tanto bien es tratado ahora como un malhechor. Cabe destacar que su papel no es solo llorar, sino ser testigos de la debilidad física de Jesús en un momento en el que sus captores no tienen ninguna intención de mostrar clemencia.
Por otro lado, es precisamente después de su lamento cuando los Jueus deciden buscar al Cireneo, temiendo que Jesús no pueda continuar el camino por sí mismo.
Simbolismo y tradición en la calle
Finalmente, las Ploraneres son uno de los elementos más icónicos del Jueves Santo. Con sus túnicas de luto y su caminar pausado, mantienen viva la tradición del canto coral en pleno recorrido. En resumen, su presencia en la Segunda Caída es lo que convierte el sufrimiento en un sentimiento compartido.
Por este motivo, escuchar su lamento en el silencio de las calles continúa siendo una de las experiencias más sobrecogedoras del paso de la Procesión.

