Jesús en la Procesión de Verges: El Sacrificio tras la Tradición

La figura de Jesús en la Procesión de Verges no es solo el centro del relato religioso; es el eje sobre el cual gira toda la complejidad técnica y humana de la noche del Jueves Santo. A diferencia de otras representaciones, en Verges el papel de Jesús exige un rigor físico y una preparación que traspasa el escenario.

El rigor del actor: Más que una representación

Quien encarna a Jesús en Verges asume una responsabilidad enorme. No se trata solo de interpretar un texto, sino de someterse a un desgaste físico real. El guion oficial ya nos avisa: la sentencia de Poncio Pilato destina al hombre a sufrir “la muerte más dura por infame y sedicioso”.

El actor debe cargar con una cruz de madera maciza durante horas por las calles irregulares del casco antiguo. Este realismo es lo que genera el silencio sepulcral cuando el personaje aparece en escena; el público no ve a un actor, ve el sufrimiento de un hombre bajo el peso de la tradición.

Una curiosidad de la casa: En una de las escenas más recordadas en la Plaza, durante la Entrada a Jerusalén (el Domingo de Ramos), se pudo ver a Jesús entrando con un bebé en brazos. No era un recurso de atrezo: era el propio hijo del actor, que había nacido hacía pocos meses. Un momento real que demuestra cómo Verges vive su Procesión como una herencia que pasa de padres a hijos.
Una curiosidad de la casa: En una de las escenas más recordadas en la Plaza, durante la Entrada a Jerusalén (el Ramo), se pudo ver a Jesús entrando con un bebé en brazos. No era un recurso de atrezo: era el propio hijo del actor, que había nacido hacía pocos meses. Un momento real que demuestra cómo Verges vive su Procesión como una herencia que pasa de padres a hijos.

El simbolismo de la Cruz: “Dulce y amada esposa”

Uno de los momentos más emotivos y que mejor define la psicología del personaje es el diálogo que mantiene con la Cruz. Jesús no ve la cruz solo como un instrumento de tortura, sino como un elemento sagrado.

“Treinta y tres años hace ya que, con ansia anhelante, a ti, cruz, te buscaba para poderte abrazar, dulce y amada esposa.”

Esta dualidad entre el peso físico (que le obliga a caer hasta tres veces) y el valor espiritual (como “llave preciada y dichosa”) es lo que otorga a la Procesión de Verges su identidad única.

El Vía Crucis: Las caídas y la calle dels Cargols

El camino de Jesús hacia el Calvario es un recorrido de hostilidad. Mientras Les Manages marcan el paso, Els Jueus le increpan con versos callejeros que ponen los pelos de punta: “¡te arrancaremos toda la carne, te desollaremos toda la piel!”.

En este contexto, las tres caídas son los puntos donde el realismo alcanza su máximo exponente:

  1. En La Placeta: Donde el ciego Pelegrí reconoce su presencia.
  2. En la Plaça 11 de Setembre: Donde Els Jueus realizan una “sardana de saltos e improperios” alrededor de un Jesús extenuado.
  3. En la calle Migdia: La última prueba antes de la Crucifixión.

El final de Jesús: La Piedad al pie de la cruz

En Verges, el recorrido de Jesús culmina en la plaza con la Crucifixión. Tras el rigor de los clavos y el sufrimiento en la cruz, la escena del Descendimiento nos regala la imagen más humana y plástica: Jesús muerto, puesto en el regazo de su madre, que lo cubre con su manto.

Mientras en el interior de la iglesia la Dansa de la Mort realiza su rendición, fuera, en la plaza, la figura de Jesús muerto en los brazos de María (la Piedad) cierra el círculo de la pasión, dejando una huella imborrable en todos los asistentes.

(Total de visites 1, 1 visites avui)