En la oscuridad absoluta de la noche del Jueves Santo en Verges, cuando el alumbrado público se apaga, solo hay una forma de ver a la muerte: a través del fuego. Las Antorchas (en catalán, Les Entorxes) son un grupo de cuatro personajes (dos adultos y dos niños o jóvenes) que tienen la misión vital de iluminar el camino de los esqueletos y del Tambor.
No forman parte del baile macabro (no saltan ni giran), pero su presencia es la que crea esa atmósfera gótica y terrorífica que ha hecho famosa a la Procesión de Verges. Sin ellos, no habría espectáculo, solo tinieblas.
Simbología: La vida es una llama al viento
Mientras los esqueletos representan la muerte fija y eterna, las Antorchas sostienen fuego real (llama de aceite). Esta luz inestable, que se mueve y tiembla con el viento, simboliza la fragilidad de la vida humana. Somos como una pequeña llama en medio de la noche infinita; brillamos un momento y luego nos apagamos.
Además, actúan como guardia fúnebre. Caminando dos a cada lado del Tambor, forman un rectángulo protector que abre paso a la comitiva entre la multitud.
Indumentaria y Movimiento
Visualmente, conectan con el Tambor porque no llevan maillot de esqueleto. Visten una túnica negra con capucha (tradicionalmente morada), guantes negros y alpargatas con huesos pintados. Para mantener la coherencia, su rostro también se oculta bajo una máscara o yelmo de calavera.
Aunque no bailan, siguen escrupulosamente el ritmo del Tambor:
- Con el golpe largo, levantan el pie y avanzan.
- Con los dos golpes cortos, asientan el paso.
Este caminar lento y ceremonioso genera un juego de sombras espectacular sobre las paredes de piedra, especialmente al paso por la Calle de los Caracoles (Carrer dels Cargols), donde sus llamas se suman a las lámparas de aceite de los vecinos.
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¿Quién dirige el grupo?
Las Antorchas iluminan el camino, pero quien marca el paso es el sonido profundo del tambor. 👉 Vuelve a descubrir El Tambor.
