Orígen de la Danza de la Muerte

Origen psicológico

La baja edad media fue una época de gran crisis. La sociedad se vuelve vengativa y cáustica y el pensamiento deja olvidadas todas las formas de optimismo y de confianza.

La Muerte para la gente no es más que una revancha, un menosprecio lleno de acritud contra los valores positivos de la escala anterior a la crisis, la belleza, el poder, la riqueza, etc.

La iglesia ya había forjado durante la Alta Edad Media la Muerte como idea continua para el hombre; pero en aquel tiempo los reductos religiosos eran demasiado aislados y cerrados, y las ideas sólo llegaban a una íntima minoría. Cuando el mundo occidental se desencanta del tiempo que le toca vivir, la iglesia ya tiene preparada la imagen de la Muerte, el fin del mundo, el Anticristo y los terribles tormentos del infierno para evitar que se desencaminen.

Las danzas de la Muerte no son más que una manera de hacer llegar unas ideas claras a una gente simple que, por preparación psicológica ya está dispuesta a aceptarlas. Una vez en uso, las ideas, las danzas de la Muerte tendrían la misión de perpetuarse en el tiempo y, por tanto, mantener la psicosis de miedo ante lo desconocido, el horror egoísta a la descomposición de los cadáveres, la inmovilidad social del mundo con el consuelo de una muerte igualitaria, y otros mensajes al uso de las diferentes épocas y públicos.

Origen territorial

La falta de noticias ciertas sobre los orígenes territoriales ha hecho que se tenga que trabajar con hipótesis muy arriesgadas, ya que una gran cantidad de pueblos y aldeas de la Europa cristiana no han tenido ni cronista, ni secretario, y casi nadie sabía leer ni escribir.

Hay opiniones que sitúan el origen en Francia, algunas en Alemania e incluso algunas en Cataluña. Es importante saber el origen porque tendrían un modelo común de donde habrían derivado. Podríamos dar a los orígenes catalanes un mínimo de posibilidades, ya que la canción “Ad mortem festinamus” sobre la que se basan, no presenta la Muerte personificada

Las posibilidades sobre los orígenes en Francia o Alemania están basadas en los textos latinos que debían recitar los personajes en el drama. Desconsideraríamos, sin embargo, cualquier posibilidad de origen a una danza que no hablara.

De hecho los datos que tenemos son pocos y las posibilidades básicas serían propias de todo el territorio de la Europa cristiana. La crisis de pensamiento es general, las pestes y el hambre marcaron todos los europeos sin distinción, y la iglesia presentaba ya desde el siglo undécimo un ritual unitario. Estas condiciones si bien no permiten diferenciar un territorio nativo de las danzas, sí que explicarían que su propagación fuera rápida y uniforme: Francia, Alemania, Suiza, Cataluña, Inglaterra, Italia, son lugares donde la Danza de la Muerte dirigió su mensaje. La propagación se haría seguramente por los canales propios de la iglesia en la transmisión de otros mensajes, los frailes predicadores, las pinturas, los grabados, etc.

 

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